Jul 7, 2014 | 2014, Número 8, Todos Los Números
Mucha gente compra acciones sin saber si el precio al que compra es bueno –está por debajo del valor de los títulos que compra– o es malo –y paga más de lo que en realidad valen.
Al leer este artículo del Financial Times pensé que no estaría de más hacer un repaso de los términos más utilizados en valoración y del concepto que se esconde detrás de ellos.
Empecemos, no obstante, por explicar que el valor –no confundir con el precio– de una acción no es algo que sea fácil de determinar. Así que si alguien esperaba encontrar en esta página el santo grial, que busque en otro sitio. Pero una cosa es que no podamos adivinar el precio futuro de una acción y otra, es que nos podamos hacer una idea. Y ahí es donde entran estos indicadores.
Cuando cualquiera de nosotros compra acciones de una compañía lo hace con, al menos, uno de dos objetivos. El primero es que las acciones suban de valor y el segundo es que nos reparta dividendos el tiempo que las tengamos . Vamos, que las compra para ganar dinero con ellas.
Desde ese punto de vista, tan solo ganaremos dinero si las acciones llegan a valer más de lo que pagamos por ellas, o si los dividendos repartidos son suficientes como para que nos compense aunque no suban de precio.
Pues bien, los indicadores que suelen mirarse no hacen más que intentar descubrir si ganaremos dinero o no, mirando al pasado y al futuro de la empresa.
Indicadores que miran al pasado
Es decir, como se ha comportado la empresa en el pasado y de esta manera intentar adivinar que pasará con ella en el futuro. Entre ellos encontramos:
Beneficio por Acción. Que parte del beneficio de la empresa le corresponde a cada una de las acciones. Si una empresa tiene un beneficio anual de 1.000 y otra de 100, valdrá más la primera que la segunda.
Dividend Yield. Igual que el anterior, pero tiene en cuenta el beneficio repartido en forma de dividendos. Siempre estaremos dispuestos a pagar más por una empresa que reparte los beneficios que por una que no … aunque el no reparto debería acabar reflejándose en un mayor valor a largo plazo de la compañía.
Valor en Libros. Cuanto valen los activos que tiene la empresa (terrenos, maquinaria, deudas de clientes, etc) una vez descontadas las deudas. El problema de este método es que un alto valor en libros no significa que la empresa vaya a tener beneficios y por ello vaya a repartir dividendos o subir de precio sus acciones.
Indicadores que miran al futuro
Se trata de hacer una estimación de la evolución que tendrá la empresa y que rendimientos iremos consiguiendo. El más conocido es:
Descuento del Flujo de caja (DCF). Es el método más recomendado desde un punto de vista académico pues es el que más fielmente nos debería decir lo que vamos a ganar/perder.
El problema es que solo obtendremos esa la fidelidad del resultado si se cumplen las estimaciones de mercado que nos obliga a hacer. Ello hace que sea un método complejo, arduo y flexible. Aunque es un ejercicio imprescindible si de lo que se trata es de valorar la compra de una participación significativa.
Jul 7, 2014 | 2014, Número 8, Todos Los Números
Hay veces que uno, cuando lee la prensa ‘seria’ tiene la sensación de estar leyendo el ‘Hola’. Dicho con todos los respetos para éste último.
Y es que aprovechan de titulares llamativos, muy llamativos, aunque luego la información que aporten no sea tan relevante como pudiera parecer al principio. Seguramente tu mismo habrás llegado hasta esta página por lo sugerente del titular. Lo que nos indica la importancia de éste.
Y pensarás que la información que te aporta será vital. Pero lo cierto es que no. Y ello por varias razones.
1) La bola de cristal
El problema es que parece como si estos planes de pensiones tengan que seguir en el futuro con la tónica que han tenido en el pasado. Pero hace doce meses nadie sabía la rentabilidad iban a obtener. Si el analista que escribe el artículo lo hubiera sabido, invertiría cada año 10.000€ en sus predicciones y al cabo de treinta años se jubilaría con 87 millones en la cuenta. Pero como no lo sabe, ha de seguir escribiendo artículos.
2) La rentabilidad pasada versus la futura.
El artículo mira la rentabilidad de junio a junio de estos planes de pensiones. Pero si comparamos la rentabilidad que han obtenido en los últimos cuatro años, el resultado no es tan bonito.
Me he permitido comparar esos resultados entre ellos y también el Plan de Pensiones de Renta Variable de Mediolanum en los cuatro años anteriores. Del 2010 al 2013.
3) El tiempo
¿De verdad quiere alguien hacernos creer que la rentabilidad de hoy es importante? ¡Ni mucho menos! La importante es la rentabilidad media que hayamos obtenido el día que nos jubilemos. Lo que pase por el camino, en realidad, no es relevante.
Así que una rentabilidad del 30% cuando te quedan quince, veinte, treinta años para jubilarte anima y da alegría. Pero poco más.
Si por otro lado te quedan menos de diez años para jubilarte y estás pensando seriamente en invertir en estos planes de pensiones, coge el teléfono y llámame. Tenemos que hablar antes de que te puedas arrepentir.
4) Lo que de verdad importa
Si no tenemos la bola de cristal para saber cual será el mejor el próximo año. Si no podemos saber que pasará según lo que pasó. Y si además la rentabilidad del próximo año no es relevante. ¿Qué lo es?
Pues lo verdaderamente importante es asegurar que nuestro dinero esté ahí en el momento en que lo necesitaremos. En este caso tras la jubilación. Y para eso tengo dos palabras:
Diversificación: De todos los planes analizados en el artículo de expansión, tan solo el de BBVA tiene la consideración de Global, es decir está diversificado geográficamente como lo está el de Mediolanum.
Ciclo de Vida: Invertir en el vehículo correcto en cada momento de vida del Plan.
Jul 7, 2014 | 2014, Número 8, Todos Los Números
La noticia por excelencia de las últimas semanas, al menos en lo económico, ha sido la reforma fiscal presentada por el gobierno.
Durante los últimos días del mes de junio hemos podido ver análisis y contra análisis en todos y cada uno de los medios de comunicación. Unos a favor de la reforma, otros en contra. Eso ya en función de la línea editorial de cada medio.
Y comentarla tiene sus peligros. Principalmente porque aún puede haber cambios antes de su entrada en vigor. Y de hecho los ha habido, como la rectificación realizada sobre la tributación de las indemnizaciones por despido.
Pero además, resulta que es tan compleja que al final he decidido centrarme en los cambios que afectan a la tributación del ahorro. Aspecto en el que hay cuatro cambios fundamentales.
Reducción de los tipos impositivos. Tras la subida de tipos acaecida en 2011, se vuelve poco a poco a la situación inicial, aunque gravando con un 23% si el rendimiento es superior a los 50.000€ al año.
Planes de Ahorro 5. El funcionamiento de estos planes es similar al de un depósito. Han de tener garantizado un mínimo de un 85% de la inversión inicial y no tributan hasta el quinto año.
Bueno, en realidad en algunos medios he leído que están exentos y en otros he leído que tributarán por las plusvalías generadas al final de los cinco años –tal y como ocurre con los fondos de inversión– y personalmente me parece más probable esta segunda versión. Habrá que ver como se refleja en el BOE.
Planes de Pensiones. Baja el tope que podemos desgravar. Este nuevo tope que sería único, independientemente de la edad, rondaría los 5.000€. El argumento del gobierno es que la aportación anual media ronda los 1.375€ y que como los contribuyentes no lo aprovechan, pues lo bajan. Creo que argumento tan ‘sólido’ no hace falta ni criticarlo.
De todas formas, se estudia extender las ventajas fiscales a cuentas bancarias con una liquidez similar a la de los planes de pensiones. Parece que algún ‘regalo’ para la banca tenía que contener la reforma.
Plusvalías a corto plazo. Si bien se mantendrán como rentas del trabajo, y no como rendimientos del capital mobiliario, las plusvalías obtenidas por compra-venta realizada antes de un determinado plazo, si que es posible que este plazo se contraiga y pase a ser de seis meses en lugar de un año como es en la actualidad.
Así, una venta de acciones adquiridas seis meses y un día antes de la venta tributarían como rendimientos del capital mobiliario –con la escala de tipos correspondiente– y no como rentas del trabajo.
Jun 6, 2014 | 2014, Número 7, Todos Los Números
Cuando se hizo público el contenido de la última reforma del sistema de pensiones, muchos pensamos que el incremento mínimo del 0,25% que había en la misma, sería el que efectivamente veríamos de aquí en adelante.
Y lo cierto es que por lo pronto eso será lo que pasará durante los próximos años. Lo que conllevará a una pérdida de poder adquisitivo de un 3% en esos tres años. Un 3% en tres años! Y eso en un momento en que la inflación está por los suelos como hemos visto en el primer punto de este boletín. ¿Qué pasará si seguimos con el 0,25% de revalorización, como creemos muchos, con una inflación más alta?
La matemática es muy sencilla. Imaginemos que perdemos un 2% anual y nos faltan apenas 20 años para jubilarnos. Nuestra pensión será entonces poco más de un 55% de la pensión actual. Recordemos que la pensión mínima apenas si sobrepasa los 600€. Y se quedaría en poco más de 330€.
Y eso si el diferencial entre la revalorización y el IPC es de algo menos de un dos puntos. ¿Y si es algo más? Recordemos, como hemos visto con anterioridad, que lo complicado es luchar contra la inflación. Veremos aumentos de precio superiores a los actuales no tardando mucho. Eso es seguro.
Y si no, miremos la evolución histórica de la inflación. La media española es algo superior al 3%.
Así que para evitar perder poder adquisitivo, no nos queda otra que subir las pensiones por encima de ese 0,25%. Y ya está. Fácil, ¿no?
Aunque, si echamos una ojeada la la evolución de la pirámide poblacional para los próximos años, vemos como la población en edad de trabajar es cada vez menos y tiene que alimentar cada vez a más y más pensionistas.
O de otra manera. En 40 años, podría haber solo 0,9 trabajadores por cada pensionista. Lo que hace muy difícil sostener el modelo actual.
Y tampoco podemos ir al endeudamiento.
Primero porque ya estamos altamente endeudados.
La deuda pública supondrá en el 2015 un 101,7% del PIB. Lo que quiere decir que tendríamos que trabajar todos durante un año entero y entregar todo lo que ganáramos al estado, para poder pagar el dinero que nos han prestado.
Pero sobre todo, porque lo malo de las deudas es que tarde o temprano hay que pagarlas. Así que solo sería retrasar –y agravar– el problema. Al final no nos estamos endeudando para financiar inversiones, sino para pagar gastos corrientes. Haciendo un símil familiar es como si tuviéramos que pedir una hipoteca, no para comprar una casa que nos durará años, sino para ir al súper. Y eso estaremos de acuerdo que es insostenible.
Así que seamos sensatos y preparémonos con tiempo para lo peor. Es bueno ser optimista. Yo soy el primero que suelo traer buenas noticias a la menos oportunidad.
Pero también es cierto que hay temas en los que todo se pone en contra y para los que hay que estar preparados por lo que pueda pasar. Este es uno de esos temas. Busquemos herramientas que nos permitan complementar la pensión pública. Lo vamos a necesitar.
Jun 6, 2014 | 2014, Número 7, Todos Los Números
Este mismo punto tercero, del boletín del mes pasado comenzaba diciendo:
“El descalabro sufrido por la rentabilidad de los depósitos a lo largo de los últimos meses –habiendo caído a tasas por debajo del 1% en la mayoría de los casos – ha hecho que hayan cobrado fuerza otros productos alternativos a los depósitos.”
Pues este mes nos ‘despertamos’ con que no solo están alrededor del 1%, sino que se prevén nuevas caídas.
Así que ahora más que nunca, tendremos que buscar alternativas a los depósitos para nuestros ahorros.
Y ya hemos hablado de las alternativas que están ofreciendo las entidades en los últimos tiempos. Los fondos con objetivo de rentabilidad. Y también hemos hablado del toque de atención que ha dado la CNMV sobre dichos fondos. No por los fondos en si, sino por la manera de comercializarlos, como si fueran similares a los antiguos garantizados. Y no lo son.
¿Y no hay productos en los que podamos invertir con la esperanza de una mejor rentabilidad? Si, podemos invertir en fondos. Los fondos no son un mal producto per se.
Lo que lo que no es correcto es la manera en que se están ofertando. El cliente tiene que saber que hay detrás de cada fondo y que política de inversión tiene.
Lo cierto es que los fondos son un producto bárbaro, en cuanto a seguridad se trata, por la diversificación que permiten.
Pero que permitan diversificación, no quiere decir que todos los fondos estén correctamente diversificados.
Es más, para que lo esté, es clave cuidar la diversificación geográfica de manera exquisita. Y para ello tengo que tirar de gestoras internacionales. No quiero decir que lo importante sea que las gestoras sean de fuera. Lo importante es que se trate de gestoras que tengan presencia en múltiples países para que puedan seleccionar los activos con conocimiento profundo del terreno.
Pues bien la siguiente noticia aparecida en el diario expansión del 10 de mayo lo dice cláramamente: ‘La banca española pone barreras a la venta de fondos internacionales’
Y es cierto. La mayoría de bancos del país comercializa únicamente productos de sus propias gestoras en los que a buen seguro nos perderemos gran parte del potencial que una buena diversificación nos puede ofrecer.
Quizás sea hora de oír hablar de gente como Invesco, Carmignac, Black Rock, Pimco, Morgan Stanley, JP Morgan … y un larguísimo etcétera.
Jun 6, 2014 | 2014, Número 7, Todos Los Números
Cayó en mis manos casi por casualidad este artículo de Lorenzo B. de Quirós publicado en El Mundo del 11 de mayo.
En el artículo se intenta arrojar algo de luz sobre la situación del mercado de trabajo por dos razones.
La primera es que la evolución observada de la tasa de paro no se corresponde con la que debería esperar de acuerdo al crecimiento del PIB.
La segunda es que –en parte consecuencia de la anterior– los analistas no parecen ponerse de acuerdo sobre si el paro está bajando o subiendo y si esa tendencia se mantendrá.
Antes de seguir adelante, es importante tener en cuenta que desde la restauración de la democracia, la tasa de paro ha sido en España, no sólo superior a la de los países de su entorno, sino también a la de aquellos con una tasa de actividad económica inferior.
Es decir, en igualdad de condiciones de actividad de la economía, en España había más paro que en otros países.
Lo que tiene a los economistas enfrentados –desgraciadamente muchas veces más por motivos ideológicos que técnicos– es la constatación de un crecimiento del empleo sin un crecimiento claro y sostenido del PIB.
Cómo la economía no está creciendo, los economistas no se creen que el paro pueda estar bajando y entonces buscan otras razones. Descenso de la población activa, retorno de inmigrantes a sus países de origen, etc.
Lo que el autor del artículo defiende es que en realidad España ha empezado a crear empleo a tasas de actividad a las que antes no hacía más que destruirlo.
Es decir, no hay que buscar fantasmas. Tan solo ocurre que las razones de carácter estructural que limitaban la creación de empleo se han erradicado, o como mínimo mitigado.
En su opinión, ese cambio estructural se debe a la reforma laboral de 2012 que habría conseguido reducir el umbral de actividad necesario para crear empleo con todo lo que ello tiene de esperanzador.
Esperanzador porque supondría por un lado que la recuperación del empleo se produciría antes de lo que indican los modelos con los que se ha estado trabajando hasta ahora.
Esperanzador porque implicaría que la tasa de paro una vez recuperados será incluso menor que la que había antes de la crisis.
Y esperanzador porque evitaría que en caso de caer de nuevo en una crisis como la actual, cosa que pasará con seguridad tarde o temprano, la tasa de desempleo vuelva a niveles como los que hemos visto en los últimos años.
Lamentablemente aún no podemos afirmar que sea así. No podemos olvidar que también hay datos que generan controversia como la vuelta real de inmigrantes a sus países de origen.
Dentro de un tiempo veremos si la tendencia se confirma y tiene razón o no. Aunque si no la tiene, quizás sería razonable exigir una reforma que nos igualara a otros países de nuestro entorno y consiguiera, ésta sí, los efectos que hemos visto.