Oct 5, 2014 | 2014, Número 11, Todos Los Números
La CNMV acaba de lanzar esta campaña bienintencionada que pretende mejorar la protección de los consumidores frente a los abusos del pasado.
Para ello obligará a las entidades a etiquetar los productos que ofrecen a sus clientes con un código de colores según el riesgo.
La correspondencia de cada uno de los colores la podéis ver aquí.
Además de
l código de colores habrá unos símbolos para alertar de la iliquidez y de la complejidad.
Y todo esto está muy bien siempre y cuando no confiemos tan solo en esta leyenda para tomar nuestras decisiones de ahorro/inversión. Eso sería como si nos medicásemos tan solo leyendo el prospecto.
Conozco una persona a la que que su banco –no diré cual– le enchufó preferentes como un producto exento de riesgo. Y en el folleto ponía que estaba exento de riesgo. Así que estos códigos de colores son útiles si la entidad hace caso a la CNMV.
Pero es que además resulta que los productos financieros son como las medicinas. En realidad no son buenos o malos. Son adecuados o no adecuados para una persona o una situación en concreto.
Pongamos el ejemplo de un agricultor que quiere asegurar el precio de su cosecha de trigo. Ha tenido malas experiencias y quiere asegurar que al menos obtendrá un precio suficiente para cubrir sus costes.
Este señor puede hacer una cobertura de precio comprando una put a un precio determinado. Pero según la escala de la CNMV, las puts son instrumentos de riesgo (en realidad para el que la vende) y están enclavados dentro del epígrafe de mayor riesgo.
Y es cierto que operar con derivados y con ciertos instrumentos financieros es peligroso. Como también lo es abrir el botiquín y tomarse los medicamentos que uno considere sin consultar con un profesional de la sanidad.
Pues lo mismo. Antes de contratar un producto financiero asesórese con un buen profesional. Y una vez asesorado, el códigos de colores le servirá como el prospecto de las medicinas, para tener una idea.
En mi opinión, además de este tipo de campañas, deberíamos ir a la responsabilidad personal de los asesores sobre la adecuación de sus ‘prescripciones’ a las características y necesidades del cliente. De la misma manera que los médicos son responsables de aplicar los tratamientos adecuados para un cliente concreto.
En la actualidad la responsabilidad acaba siendo de la entidad en la que el asesor trabaja, que es como si la responsabilidad de lo que nos recetan fuera del laboratorio farmacéutico y no del médico. ¿Verdad que no parecería muy saludable?
Jul 7, 2014 | 2014, Número 8, Todos Los Números
Mucha gente compra acciones sin saber si el precio al que compra es bueno –está por debajo del valor de los títulos que compra– o es malo –y paga más de lo que en realidad valen.
Al leer este artículo del Financial Times pensé que no estaría de más hacer un repaso de los términos más utilizados en valoración y del concepto que se esconde detrás de ellos.
Empecemos, no obstante, por explicar que el valor –no confundir con el precio– de una acción no es algo que sea fácil de determinar. Así que si alguien esperaba encontrar en esta página el santo grial, que busque en otro sitio. Pero una cosa es que no podamos adivinar el precio futuro de una acción y otra, es que nos podamos hacer una idea. Y ahí es donde entran estos indicadores.
Cuando cualquiera de nosotros compra acciones de una compañía lo hace con, al menos, uno de dos objetivos. El primero es que las acciones suban de valor y el segundo es que nos reparta dividendos el tiempo que las tengamos . Vamos, que las compra para ganar dinero con ellas.
Desde ese punto de vista, tan solo ganaremos dinero si las acciones llegan a valer más de lo que pagamos por ellas, o si los dividendos repartidos son suficientes como para que nos compense aunque no suban de precio.
Pues bien, los indicadores que suelen mirarse no hacen más que intentar descubrir si ganaremos dinero o no, mirando al pasado y al futuro de la empresa.
Indicadores que miran al pasado
Es decir, como se ha comportado la empresa en el pasado y de esta manera intentar adivinar que pasará con ella en el futuro. Entre ellos encontramos:
Beneficio por Acción. Que parte del beneficio de la empresa le corresponde a cada una de las acciones. Si una empresa tiene un beneficio anual de 1.000 y otra de 100, valdrá más la primera que la segunda.
Dividend Yield. Igual que el anterior, pero tiene en cuenta el beneficio repartido en forma de dividendos. Siempre estaremos dispuestos a pagar más por una empresa que reparte los beneficios que por una que no … aunque el no reparto debería acabar reflejándose en un mayor valor a largo plazo de la compañía.
Valor en Libros. Cuanto valen los activos que tiene la empresa (terrenos, maquinaria, deudas de clientes, etc) una vez descontadas las deudas. El problema de este método es que un alto valor en libros no significa que la empresa vaya a tener beneficios y por ello vaya a repartir dividendos o subir de precio sus acciones.
Indicadores que miran al futuro
Se trata de hacer una estimación de la evolución que tendrá la empresa y que rendimientos iremos consiguiendo. El más conocido es:
Descuento del Flujo de caja (DCF). Es el método más recomendado desde un punto de vista académico pues es el que más fielmente nos debería decir lo que vamos a ganar/perder.
El problema es que solo obtendremos esa la fidelidad del resultado si se cumplen las estimaciones de mercado que nos obliga a hacer. Ello hace que sea un método complejo, arduo y flexible. Aunque es un ejercicio imprescindible si de lo que se trata es de valorar la compra de una participación significativa.
Jul 7, 2014 | 2014, Número 8, Todos Los Números
Hay veces que uno, cuando lee la prensa ‘seria’ tiene la sensación de estar leyendo el ‘Hola’. Dicho con todos los respetos para éste último.
Y es que aprovechan de titulares llamativos, muy llamativos, aunque luego la información que aporten no sea tan relevante como pudiera parecer al principio. Seguramente tu mismo habrás llegado hasta esta página por lo sugerente del titular. Lo que nos indica la importancia de éste.
Y pensarás que la información que te aporta será vital. Pero lo cierto es que no. Y ello por varias razones.
1) La bola de cristal
El problema es que parece como si estos planes de pensiones tengan que seguir en el futuro con la tónica que han tenido en el pasado. Pero hace doce meses nadie sabía la rentabilidad iban a obtener. Si el analista que escribe el artículo lo hubiera sabido, invertiría cada año 10.000€ en sus predicciones y al cabo de treinta años se jubilaría con 87 millones en la cuenta. Pero como no lo sabe, ha de seguir escribiendo artículos.
2) La rentabilidad pasada versus la futura.
El artículo mira la rentabilidad de junio a junio de estos planes de pensiones. Pero si comparamos la rentabilidad que han obtenido en los últimos cuatro años, el resultado no es tan bonito.
Me he permitido comparar esos resultados entre ellos y también el Plan de Pensiones de Renta Variable de Mediolanum en los cuatro años anteriores. Del 2010 al 2013.
3) El tiempo
¿De verdad quiere alguien hacernos creer que la rentabilidad de hoy es importante? ¡Ni mucho menos! La importante es la rentabilidad media que hayamos obtenido el día que nos jubilemos. Lo que pase por el camino, en realidad, no es relevante.
Así que una rentabilidad del 30% cuando te quedan quince, veinte, treinta años para jubilarte anima y da alegría. Pero poco más.
Si por otro lado te quedan menos de diez años para jubilarte y estás pensando seriamente en invertir en estos planes de pensiones, coge el teléfono y llámame. Tenemos que hablar antes de que te puedas arrepentir.
4) Lo que de verdad importa
Si no tenemos la bola de cristal para saber cual será el mejor el próximo año. Si no podemos saber que pasará según lo que pasó. Y si además la rentabilidad del próximo año no es relevante. ¿Qué lo es?
Pues lo verdaderamente importante es asegurar que nuestro dinero esté ahí en el momento en que lo necesitaremos. En este caso tras la jubilación. Y para eso tengo dos palabras:
Diversificación: De todos los planes analizados en el artículo de expansión, tan solo el de BBVA tiene la consideración de Global, es decir está diversificado geográficamente como lo está el de Mediolanum.
Ciclo de Vida: Invertir en el vehículo correcto en cada momento de vida del Plan.