Dic 15, 2014 | 2014, Número 14, Todos Los Números
Existe una tendencia a pensar que las condiciones en otros países de nuestro entorno son parecidas a las nuestras y normalmente no vamos más allá para descubrir si esa afirmación es correcta o no.
Los líderes políticos y sindicales se llenan la boca hablando de la precariedad laboral española y como vamos por detrás del resto de países europeos en todo lo relacionado con el empleo.
Muchas veces no le damos más importancia. Escuchamos. Nos lo creemos y punto.
Pero hete aquí que de pronto descubres que un país como Alemania no ha tenido un salario

Fuente: El economista
mínimo hasta ahora. Yo lo confieso. No lo sabía. Daba por supuesto que si.
Y ahora lo tendrá aunque no será de implantación universal. Dejará fuera a los becarios, a los menores de 18 años sin titulación y a los parados de larga duración. Claro que si aquí excluyes a los parados de larga duración dejas fuera a mucha gente, por desgracia.
Pero además descubrimos que su implantación está siendo muy discutida por el coste que dicha medida puede tener en puestos de trabajo.
Pero mirándolo desde aquí me ha parecido una noticia magnífica.
Resulta que uno de nuestros mejores clientes acaba de incrementar sus costes internos de producción por arte de birlibirloque al tiempo que incrementa la capacidad de compra de sus consumidores. Así que no podemos estar más de enhorabuena.
De todas formas, el artículo se encarga de echarnos un jarro de agua fría a nuestra situación pues nos cuenta que el salario mínimo interprofesional alemán será el doble del español. Como si eso fuera un agravio comparativo.
Parece que tenemos que enfadarnos porque los alemanes cobrarán más que nosotros en lugar de alegrarnos porque ello nos hará más competitivos. Y yo me hago dos preguntas para dejarlas en el aire.
Si hemos estado más de cuarenta años con un salario mínimo que los alemanes no tenían. ¿Pasa algo por estar un tiempo con un salario mínimo inferior al de ellos? Aunque solo sea para compensar.
Y si el salario mínimo en Alemania es el doble que el nuestro ya no hay ninguna razón para que no podamos inundar Alemania de productos españoles pues nuestros costes de producción serán mucho más bajos. Si no lo hacemos, ¿No será que hay algo que empresarios, políticos y trabajadores estamos haciendo mal?
La diferencia está en la manera de abordar la cuestión laboral. No han necesitado ese salario mínimo, porque se pactaba en los convenios.
En Alemania, los sindicatos se sientan en el consejo de administración de las principales empresas y son conscientes que que si la empresa se hunde, se hunden los puestos de trabajo.
Por su lado las empresas, con un 6% de paro, saben que si no cuidan a sus trabajadores, no podrán producir y cerrarán.
Al final la mejor defensa de los trabajadores es una tasa de paro del 3%.
Dic 9, 2014 | 2014, Número 14, Todos Los Números
Hay un dicho que reza así. ‘Un economista es aquel señor que mañana te explicará porque hoy no pasó lo que él predijo ayer’.
En economía hay tantos factores que entran en el juego, que es muy difícil hacer predicciones. Y cuanto más largo es el plazo, más complicado es.
Dicho lo anterior, no es menos cierto que siempre podemos tirar de indicadores, que si bien no nos dan la certeza absoluta del comportamiento de la economía, si que nos pueden dar una indicación de por donde van los tiros.
Son como los análisis de sangre que nos recetan los médicos. No les dicen lo que tenemos, pero les aportan indicaciones.

Fuente: Expansión
Pues bien, hechas las reservas pertinentes, el artículo aparecido en expansión da en el clavo sobre que pasará con la economía en 2015 en muchos aspectos. Siempre desde mi punto de vista.
Por lo que respecta a la situación española parece que vamos en la senda correcta a pesar de encontrarnos con un entorno más bien problemático, pues en el resto de Europa el crecimiento se está resintiendo. No olvidemos que el principal destino para nuestras exportaciones es Alemania y Francia.
A pesar de ello, los autores consideran tal y como comentábamos en el número del mes pasado que la bajada de los precios del petróleo será beneficiosa para la economía global a pesar del efecto negativo que tiene sobre la inflación.

Fuente: Expansión
No he visto por el momento ningún análisis que me parezca definitivo sobre las razones para la bajada de los precios del petróleo. Y los autores de este artículo tampoco lo hacen, por lo que por el momento nos quedamos sin saber si estos precios bajos –y sus beneficiosas consecuencias– serán algo que disfrutaremos los próximos meses, los próximos años o los próximos lustros.
He aquí uno de esos factores que hacen difícil las previsiones. Pero vamos, si que al menos no parece que la situación vaya a revertirse a corto plazo.
Como anécdota para los amantes de las teorías conspirativas, una de las razones esgrimidas para que mantener los precios bajos sea interesante para los productores de petróleo es que por debajo de 80$ se reduce el interés en el desarrollo de energías alternativas.
Entre los riesgos, nos quedamos con la desaceleración de los mercados emergentes y el impacto de la subida de tipos de interés que ocurrirá en USA bien entrado el 2015.
Éste último, si bien tendrá una relación directa con nuestros ahorros vía bajadas de precio de la renta fija, también es cierto que el incremento de precio del dólar asociado ayudaría a impulsar las exportaciones europeas.
Nov 14, 2014 | 2014, Numero 12 + 1, Todos Los Números
En números anteriores de este boletín hemos hablado de la importancia de la inflación y de sus efectos sobre nuestro dinero.
Pero para comprender la importancia de este titular necesitamos hacer un repaso por dos hitos de la historia económica del siglo XX.
La gran depresión de 1.929
Fue a raíz de la misma, que los gobiernos vieron que podían reducir la duración de las crisis aumentando el gasto público. La idea es que en un momento de crisis, con paro, deflación, etc, si aumentamos el gasto público, las empresas producirán más para satisfacer ese gasto. Y para producir necesitarán más trabajadores, como estos ganan dinero gastarán más y al final entraremos en un círculo virtuoso que hará que la crisis finalice antes. Es lo que se conoce como políticas Keynesianas y son las políticas por las que suelen apostar los partidos de izquierda.
La crisis del Petróleo de 1.973
Con la teoría de Keynes se consiguió mantener las crisis a raya hasta 1.973.
En aquel momento, las economías comenzaron a entrar en recesión, pero al revés que en ocasiones anteriores, seguía habiendo inflación. Es decir, a pesar de la crisis, los precios seguían subiendo.
La razón es que la crisis no se debía a que la gente hubiera pasado a consumir menos, como las anteriores, sino a que, de repente, los productos eran más caros de producir. Y como eran más caros de producir, subían los precios para que siguiera siendo rentables hacerlos y la gente podía comprar menos cosas, etc.
Y de repente nos encontramos con una crisis distinta a todas las que habíamos visto hasta entonces. En esta situación, aplicar políticas keynesianas solo habrían empeorado el efecto de la inflación.
Y la razón para que todo fuera más caro de producir era la subida del precio del petróleo que acordó la OPEP, en parte en respuesta a la actuación de occidente en la guerra de Yom Kipur.
Los que tenemos una edad recordamos – yo al menos recuerdo en mi niñez– que las reuniones de la OPEP abrían los telediarios y tenían en vilo a EE.UU y a Europa.
Situación Actual
Y toda esta revisión para entender que una bajada importante del precio del petróleo puede tener efectos inversos a los que tuvo la subida de 1.973. Y para reflexionar que una buena parte de la bajada de precios actual se debe a la reducción del precio de la energía.

Y que la deflación que tanto nos asustaba en marzo no es la misma que ésta, porque una cosa es una deflación debida a que la economía pierde fuelle y baja la actividad y otra es una inflación que se debe a que ahora producir lo mismo es más barato.
El tiempo nos dirá cual ha sido el efecto final sobre la economía, pero en mi opinión ésta –la debida a una reducción del coste energético– es hasta bienvenida y puede hasta ser un balón de oxígeno para la economía europea. Otra cosa distinta es que veremos lo que dura la alegría.
Nov 6, 2014 | 2014, Número 12, Todos Los Números
Cualquiera diría, a la vista de esta noticia aparecida en El Economista, que china está pasando por malos momentos y que la situación se está agravando. El artículo nos habla de un ‘debilitamiento al crecer un 7,3%’. Su peor registro en cinco años. 
Incluso el gráfico que acompaña la noticia nos habla de volver a niveles de la crisis.
Claro, que ese mismo gráfico, visto sin truncar los ejes y comparando con España, nos da un resultado ‘ligeramente’ distinto. No se, como que igual merece la pena dedicarnos un poco más a pensar en cómo vamos a salir nosotros de la crisis en lugar de si les va mejor o peor a los demás.

Porque además hemos de tener en cuenta un factor. Después de veinte años creciendo a niveles superiores al 7%, cada vez se hace más difícil seguir creciendo a ese ratio. Es decir, un crecimiento de un 14% en 2007 implicó producir 332 mil millones de euros más que el año anterior.
Crecer un 7,7% en 2013 supone fabricar 605 mil millones más. Es decir, en términos absolutos, el crecimiento de 2013 es casi el doble del que tuvo en 2007.
Por cierto, que el PIB per capita en 2007 en España era de 23.500€ y en China de 1.940€. Seis años más tarde, en 2013, el PIB per capita en España era de 22.300€ y el chino 5.239€.
Multiplicar el PIB por 2,7 en apenas 6 años implica un incremento espectacular en la riqueza y en el efecto que ésta tiene sobre el consumo. No es para nada descabellado pensar que en unos años China pasará de ser la fábrica del mundo a ser el mercado del mundo. Y si no, al tiempo.
La clave está precisamente en el PIB per capita y en la manera en que se reparte ese dinero dentro del país.
Hace unos nueve años estuve en China de viaje y me sorprendió el poco interés que mostraban por Europa. Era como si no existiéramos.
Su modelo era Estados Unidos y mi impresión es que ahí es hacia donde van. Un modelo de libre mercado con políticas sociales muy limitadas donde lo que importa es el logro individual.
Lo que está claro es que a medida que las familias vayan incrementando sus niveles de ingresos, pasarán de economías de subsistencia a economías de consumo como lo son hoy las occidentales. Y si un 5% de los chinos salta de escalafón en un año concreto y quiere comprar un coche, eso son 68 millones de coches en un solo año. Da que pensar, ¿No?
Oct 8, 2014 | 2014, Número 11, Todos Los Números
Cualquiera podría pensar que lo que persigue el BCE con esta medida es ahorrarse un dinero en la remuneración de los depósitos. Y nada más lejos de la realidad. El objetivo es otro.
Pero antes de abordar este objetivo tenemos que entender el papel clave que tiene el sistema financiero en el crecimiento económico de un país.
Para que una empresa pueda crecer necesita realizar inversiones. Si va a vender más, tendrá que instalar más máquinas, contratar más gente, tener almacenes mayores, etc.
Todas estas operaciones, necesitan de un desembolso inicial que solo más adelante se irá recuperando.
El papel principal de los bancos consiste en captar el dinero de los ahorradores y prestarlo a las empresas para que puedan realizar estas inversiones y así la economía crezca.
Lo anterior aún siendo una simplificación pues no tiene en cuenta el consumo de las familias, es bastante ajustado a la realidad.
Lo que estaba pasando en los últimos tiempos es que una buena parte del ahorro que captaban los bancos, quedaba depositado en el BCE o se invertía en deuda pública, con lo que no servía para potenciar el crecimiento económico.
Y no solo con el ahorro captado, sino que las inyecciones de liquidez que se hicieron en la banca, con el objetivo de potenciar el crecimiento fueron al mismo sitio.
Así que lo que persigue el BCE con esta medida no es tanto ahorrarse un dinero, como hacer que los depósitos en el propio BCE sean tan poco atractivos para el resto de bancos, que se vean obligados llevar esa liquidez hasta las empresas.
¿Y al final como nos afecta todo esto a nosotros? Pues por dos vías principales.
La primera es que con las empresas accediendo con mayor facilidad al crédito, se facilitará el crecimiento económico y el descenso del paro.
Pero la segunda –y esta no nos va a gustar tanto– es que si los bancos obtienen una remuneración negativa por sus depósitos, en un entorno en que el estado también paga una remuneración negativa por su financiación a corto plazo. ¿Alguien considera totalmente descabellado que en un futuro acabemos pagando por tener el dinero en el banco?
Pues quizás no llegue a pasar, pero lo cierto es que las condiciones para que eso sea así están ahí. Y lo estarán durante un tiempo.
Al final, el tipo de interés que nos tiene que importar de verdad es el interés real, tipo de interés menos inflación, que es lo que crece nuestro poder adquisitivo.
Sabiendo además que no tiene lógica que las herramientas de ahorro a corto plazo –cuentas corrientes y depósitos– superen la inflación. Y estando la inflación alrededor de cero cuando no negativa.
Pues blanco y en botella.